—Lara, ¿te puedo pedir un favor? Voy a cenar con mi cita a ciegas esta noche, pero no tengo un regalo adecuado para darle. ¿Podrías prestarme tu caja de galletas? ¿Cuánto gastaste en los ingredientes? Te lo pago. —dijo la colega a Lara, con los ojos fijos en la elegante caja sobre la mesa.
Lara protegió rápidamente la caja. ¡No había hecho muchas galletas y casi no quedaba ninguna! El olor era tan bueno que, cuando se las ofreció a Luana, otros colegas le pidieron probar y tuvo que compartirlas.