León
El viaje a la mansión de mis padres —no, no mis padres, la de los Branston— no me resultaba nada apetecible.
Había apurado la reunión lo máximo posible para terminar cuanto antes y llegar a tiempo a recoger a Isabella. Lo último que quería era que me esperara sin verme. Eso echaría por tierra todo lo que había construido con tanto cuidado.
Ya dependía de mí —un poco, lo justo— aunque aún no se diera cuenta.
La había visto moverse por la casa esta mañana, aunque ya estaba vestida para ir a