Los chicos sonríen por mi comentario, mientras yo, la mujer más indefensa en esta guerra, se coloca su cinturón de seguridad porque es lo único que se puede hacer en esta situación. Sentarse y sonreír, ya que, esa es el arma que sin duda me salvará si llegan a entrar en el auto.
— Señora, no se sienta mal.
— No me siento mal. Me siento inútil. Solo como un objeto decorativo del auto que puede romperse en cualquier momento porque no tiene la protección necesaria para evitarlo. — digo molesta.
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