No podía olvidar al niño.
A pesar de mis mejores esfuerzos por centrarme en el entrenamiento o en los planes de Lucian, la imagen siempre me persigue.
Ojos dorados.
Cara pequeña.
Cómo se le escapó, como si nadie pudiera verlo.
No fue solo una coincidencia de esta manera.
Se sentía controlado.
Deliberado.
Eso ayudó a que las cosas que Lucía me había dicho no fueran tan seguras.
Frente a mí esa mañana, mientras estaba sentado en la sala de guerra, extendió mapas de los territorios circundantes. A