Nigel quedó completamente enterrado bajo el peso aplastante. Su rostro ya no era visible, y no quedaba espacio para respirar.
Un hombre de un metro ochenta como Nigel fue aplastado bajo ese enorme peso hasta quedar irreconocible. Solo una mano ensangrentada seguía visible, con las venas hinchadas y los dedos temblando mientras arañaba el suelo, como si fuera lo último que lo mantenía con vida.
Allison observó la escena rígida, como si la sangre en sus venas se hubiera congelado. No podía movers