Allison no la detuvo, y Jareth tampoco. Solo Ronan, ardiendo de rabia, movió la silla de ruedas hacia Sherrie.
—Sherrie, no te arrodilles ante ella —gruñó Ronan, con la voz cargada de furia.
Sherrie se levantó de inmediato. En cuanto vio a Ronan, las lágrimas brotaron de sus ojos como si se hubiera roto una represa.
—Ronan, tengo que arrodillarme. Si no, Allison no me devolverá la medicina.
Los ojos de Ronan se entrecerraron.
—¿Qué medicina?
Sherrie sollozó.
—La medicina que puede curar el dolo