Nigel entendió lo que le decían sus ojos. La culpa se retorcía dentro de él, pero aun así siguió la corriente de Sherrie. —Sherrie, no digas tonterías. No tenemos pruebas. No nos metas en algo con lo que no podemos lidiar.
Cuanto más lo negaba Nigel, más convencido estaba Toby.
Soltó una risa fría. —¿Tienes tanto miedo a las consecuencias que ni siquiera eres capaz de defender a tu propia hermana?
—Nigel…
Toby lo apartó de un empujón y caminó con paso firme hacia la puerta. —Tú podrás tener mie