Con Gabriel del lado de Allison, no había forma de cambiar el resultado. Nigel no tuvo más remedio que pagarlo. Derrotado, volvió a sacar su teléfono y empezó a marcar.
Antes de que pudiera presionar el número, una voz aguda y familiar atravesó la habitación.
—¡El dinero está aquí mismo!—
El corazón de Allison dio un salto. Sherrie se volvió hacia ella con una sonrisa triunfante.
Ruth dejó escapar un largo suspiro de alivio. Nigel frunció el ceño y miró hacia la puerta, confundido.
Allison y lo