Después que el doctor le explicó pacientemente, los ojos de Eric se relajaron por un momento.
Eric bajó los ojos y aflojó un poco el puño.
¡Gracias a Dios!
Eric sintió como si casi fuese a perder su mundo entero y que Dios le había hecho una broma.
Dejó que el doctor le pusiera inyecciones para bajar la inflamación y que le limpiara las heridas.
El guardaespaldas cubrió el vidrio de la piscina y ese movimiento alarmó al silencioso Eric.
Eric levantó la mirada y miró profundamente en