Sean estaba de buen humor. Miró a Yvette y le colocó el cabello detrás de la oreja.
“No tengas miedo. Llegaremos pronto. Seremos libres una vez dejemos este lugar”.
Sean abrió los brazos, luciendo imprudente y desdeñoso.
Yvette bajó la cabeza y permaneció en silencio.
A Sean no le importaba su silencio.
Tate abrió una botella de vino tinto y les entregó una copa de vino a cada uno. Los ojos emocionados de Sean estaban un poco rojos.
Cuando Sean le entregó la copa a Yvette, pero ésta no la