Cuando Lance inclinó su cuerpo, Yvette solo se sonrojó levemente y lo empujó para recordarle.
“Seguimos en el garaje...”.
Su mano agarró la muñeca de ella y sus labios cayeron sobre el cuerpo de ella como lluvia, tocándola y avivando su fuego.
"No importa. Da igual...".
Su voz baja sonaba ronca como si estuviera reprimiendo cierta emoción. Su argumento fue muy convincente.
Yvette solo estaba fingiendo e inmediatamente se dejó, sin resistirse más.
Si le daba igual, entonces a ella también.