Temprano por la mañana.
Nicole seguía durmiendo.
Tigger empezó a escarbar con sus patitas y a dar saltos.
“¡Mamá, es hora de levantarse!”.
Ella hizo un gesto para alejar al molesto pequeño tigre.
Tigger la llamó insistentemente, y al final gritó hasta que su somnolencia se desvaneció.
El Señor Anderson se acercó, se paró frente a la puerta y la llamó con voz suave.
“Señorita, ¿está despierta?”.
Al no escuchar ningún sonido, el Señor Anderson siguió llamando a la puerta. “Señorita, el Dir