Ava DeCostello
Miami
A Eryx le cayó mucho de peso la buceada, tanto que, el resto de la tarde y toda la noche se quedó dormido, hasta que fue el día siguiente. Yo me levanté para alistarme. Me metí a dar un baño y después desperté a Eryx con besos, abrazos y caricias, teníamos que bajar a desayunar antes de irnos a disfrutar del último día de actividad con Helen.
–Mi dios griego, ya amaneció – Le susurré al oído – Despierta que, ya tenemos que ir a desayunar.
–Buenos días, mi hermosa morena –