Tuve que hacerlo
Las últimas palabras del Alpha resonaron dentro de mi cabeza mucho después de que desapareciera en la oscuridad más allá de mi celda. Mis muñecas todavía descansaban dentro de las cuerdas, pero ya podía sentir lo sueltas que se habían vuelto gracias al cuidadoso trabajo de sus manos. Cada latido me recordaba que el amanecer se acercaba y, con él, llegaría la ejecución que toda la manada esperaba presenciar. Si dudaba ahora, no habría una segunda oportunida