El agarre de Cathleen se aflojó, su determinación flaqueó en el vestíbulo dorado de su grandiosa casa. El pesado clic de su equipaje al cerrarse resonó, símbolo de su intención de partir. El doctor West, severo como siempre, se acercó con las manos extendidas, firmes y seguras, agarrando las asas que ella no podía sostener. Sus brazos se tensaron al levantarla, con una mirada amable, alejando las pesadas cargas de su cuerpo tembloroso.
"Nada de lo que pertenezca a mi esposa saldrá de aquí. Ni s