Capítulo 38: La serenidad de Seda.
Llegan a una cafetería turca y comienzan, a degustar dulces de su país conjuntamente con el té, Meltem se relaja un poco. Murat, es un hombre muy simpático y agradable.
—Mi vida no fue nada fácil Seda, tenía que estar sometido al yugo de mi padre, uno a uno nos fuimos yendo de casa—asevera con nostalgia.
—¿Y tu madre?
—Mi madre murió cuando era un niño, viví con mi padre y su nueva esposa. Era una bruja.
—Ja, ja, ja, ay Murat—ríe Seda.
—A veces los padres, suelen ser muy injustos con sus hijos—