“No vayas,” dijo Ada. “Cloe. No vayas a reunirte con ese hombre sola.”
Eran las nueve y cuarto. Cloe estaba sentada en el sofá de Ada con Dave dormido por el pasillo y el teléfono en ambas manos y Ada frente a ella con la expresión particular que ponía cuando ya había decidido algo y estaba esperando que Cloe llegara a la misma conclusión.
“No voy a ir,” dijo Cloe.
“Tienes la cara.”
“Dije que no voy a ir.”
“Tienes la cara que pones cuando estás a punto de hacer algo que sabes que está mal porqu