Alberto miraba fijamente la cara de Silvio con miedo, quería hablar con Lina para que dejara de hablar, pero impulsado por el gran interés, no dudó mucho y se quedó allí sentado en completo silencio, esperando a ver si Lina podía conseguir algo.
Elena despreciaba su comportamiento, pero no tenía interés alguno en provocar conflictos entre ellos. Solo miraba a Silvio de reojo, quería saber cómo resolvía la situación.
Y Silvio realmente no la decepcionó. Se le escuchó soltar una risa muy fría: —No