Punto de vista de Elena
Llevé conmigo esa sensación al trabajo el lunes.
Esa opresión en el pecho, esa falta de aire que había permanecido conmigo toda la noche y que seguía ahí mientras contemplaba el mismo informe que llevaba dos horas fingiendo leer.
Estiré la mano hacia mi teléfono.
Nada de Caleb.
Lo dejé de nuevo sobre el escritorio, acerqué otra vez el informe y releí el primer párrafo dos veces.
Aun así, no habría podido decir una sola palabra de lo que acababa de leer.
Me había prometid