Kaia
—Kaia, voy a ducharme primero.—
Me giré hacia la voz de Leo y lo vi apoyado en el marco de la puerta, ya con el torso desnudo.
Asentí, tomé mi teléfono de la mesa y salí a la terraza. Me recosté en la silla de playa, dejando que la brisa del mar jugara con mi cabello, aún un poco despeinado. El calor del sol rozaba mi piel, mientras el sonido de las olas iba y venía como una respiración tranquila.
Pasé un buen rato mirando el paisaje, como si me mantuviera atrapada, sin querer dejarme apar