No hay manera de que pueda dormir después de eso.
Las manos de Sebastián... Su boca... Sus manos ... Me ducho y me recuesto en la enorme cama de invitados durante una hora, tratando de recuperar el aliento después de lo que tal vez fue la experiencia sexual más emocionante, espontánea y ardiente de mi vida.
Quizás no, definitivamente.
Me doy la vuelta y grito contra una almohada. Hasta aquí lo platónico, el campo de fuerza de la lujuria entre ellos era imposible de negar.
O resistir.
Todo mi cu