POV ADRIÁN
El teléfono suena a las seis de la mañana, despertándome de un sueño inquieto lleno de fragmentos de conversaciones no terminadas con Lola. Contesto sin mirar la pantalla, asumiendo que es alguna emergencia corporativa.
—¿Diga?
—Adrián, cariño. Acabo de aterrizar en Milán.
Me siento bruscamente en la cama, completamente despierto.
—¿Mamá? ¿Qué estás haciendo en Milán?
—¿Qué crees que estoy haciendo? —dice Helena Valcor con ese tono que indica que la pregunta es ridícula—. Vine a cono