35. Sentenciada a la ruina
Incluso Julieta necesita un momento para respirar porque no puede ser capaz de ser Peter McGrey la persona que aparte de ella, lo ha escuchado todo.
Clara permanece en su sitio mientras gestiona lo que está ocurriendo, y con sus ojos rojos y llenos de lágrimas queda enmudecida.
—Clara, preciosa, que bien lo tenías guardado…
—Cállate —lo interrumpe Clara de una vez por todas para lograr permanecer lo más cuerda posible—. Peter, no digas ni una palabra más.
—¿Cómo quieres que no diga ni otra pal