CAPÍTULO 25

El ritmo de la música cambió y la voz del DJ anunciando que un nuevo artista vendría a tomar el relevo resonó a nuestro alrededor.

—Se acabó la canción. Es hora de irnos—. No me dio tiempo a responder antes de agarrarme la muñeca y sacarme del podio.

No era capaz de responder, las lágrimas que amenazaban con derramarse me mantuvieron en silencio.

La puerta de mi habitación se abrió con un crujido y la luz de la luna entró por donde no había cerrado las persianas, mostrando quién se estaba colan
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