El ritmo de la música cambió y la voz del DJ anunciando que un nuevo artista vendría a tomar el relevo resonó a nuestro alrededor.
—Se acabó la canción. Es hora de irnos—. No me dio tiempo a responder antes de agarrarme la muñeca y sacarme del podio.
No era capaz de responder, las lágrimas que amenazaban con derramarse me mantuvieron en silencio.
La puerta de mi habitación se abrió con un crujido y la luz de la luna entró por donde no había cerrado las persianas, mostrando quién se estaba colan