* CARL*
Kate King.
—Kate… —intenté parpadear un par de veces, estaba escuchando el rugido del motor, y sentía mis oídos tapados por alguna razón—. Kate, mi amor, hemos llegado.
Me despegué del asiento, y luego miré por la ventana.
Todo allí afuera estaba gris, y estaba cayendo pequeñas gotas de brisa. Y sí, habíamos llegado a la fría Nueva York de la que había salido huyendo sin querer regresar algún día.
Tenía el cuerpo entumecido. Literalmente habían pasado casi veinticuatro horas de vuelo,