El comandante Arven respiró profundo.
El aire de la mañana estaba frío.
Los soldados esperaban la orden.
Los caballos golpeaban el suelo con las patas.
Las armaduras sonaban suavemente.
Todo estaba listo.
Solo faltaba una palabra.
Una sola palabra.
Atacar.
O retirarse.
Una palabra podía quemar una ciudad.
Una palabra podía salvarla.
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Arven miró el camino que llevaba a la ciudad.
Luego miró a sus soldados.
Hombres cansados.
Hombres que querían que la guerra terminara.
Hombres que querían volver