El mundo no se detuvo.
Pero sí redujo la velocidad de su juicio.
Fue casi imperceptible: una fracción de segundo más larga entre causa y efecto, entre intención y resultado. Las campanas no cambiaron su sonido; cambió el espacio entre sus golpes. Los pasos no fueron más lentos; fue el suelo quien tardó más en aceptar cada pisada.
Risa lo sintió como una presión detrás de los ojos.
—Está leyendo —susurró.
—¿Quién? —preguntó Rhaziel, sin dejar de vigilar las alturas.
—El Validador —respondió el R