LA ADHALIA NEGRA
El celular de Alejandro sonaba una y otra vez y creo estaba perdiendo el control. Escuchaba mucha gente afuera gritando como solo los borrachos saben hacerlo.
La hora ya estaba cerca y yo no paraba de sentirme nerviosa. Con este evento se confirmaba la promesa de él hacía su estúpida esposa, al menos eso dijo Alejandro.
Mis pensamientos volaban hasta que la mujer de media estatura se acercó a mí con esa mirada a la que me estaba acostumbrando pero no me hacía sentir bien ahora.