EPILOGO
El refugio de las promesas.
El dolor de la traición tiene un olor muy específico.
No huele a sangre ni a fuego, sino a aire viciado, a perfume barato mezclado con el olor a madera de una mesa y cuero de un sofá en una habitación descanso, y con la certeza absoluta de que el mundo, tal como lo conocías, se puede desmoronar en un solo segundo...
Mi nombre es Victoria De Souza, ha pasado mucho tiempo desde que esa traición llegó a mi vida. Aún puedo cerrar los ojos y verme allí, de pie en