EPILOGO PARTE II
Los años avanzaron con la misma rapidez del viento corriendo entre los árboles, pero cada época traía consigo una cosecha de momentos inolvidables.
Ver crecer a nuestros tres hijos fue el privilegio más grande que la vida pudo concedernos. Alexander se convirtió en el protector natural de sus hermanas. Heredó la nobleza, el juicio firme y la templanza de su padre. Era un niño de conducta intachable y poseía una mente brillante.
Mi hijo mayor disfrutaba explorar los jardines con