Era Daniel quien estaba enfrente de ella:
—¿Qué estás haciendo? ¿Por qué estás repartiendo los pedidos? —preguntó bastante furioso.
—Bueno, yo necesito el dinero —fue lo único que pudo responder.
—¿Si necesitas el dinero por qué no me dices? Yo te lo puedo dar —explicó Daniel.
—No Daniel, yo quiero ganarme el dinero por mis propios medios, no voy a dejar que me sigas manteniendo, además, no te tengo suficiente confianza como para llamarte y decirte que debo comprar libros para los trabajos de l