Resignada en el sofá del departamento el sueño me domina, siento una oleada de pesadez en los párpados, me cuesta mantenerme despierta debo parecer un zombie.
En el pleno forcejeo en cabecear las puerta del departamento es abierta dejando ver a un Ken en mal estado, borracho, despeinado con la ropa arrugada oliendo a alcohol y una sonrisa de esas que los borrachos dan con descaro.
Hace maniobras para cerrar la puerta hasta que se da cuenta de mi presencia.
—Amor estas despierta —se tambalea