Chantal.
Dixon estaba recostado al borde del escritorio marrón, con las piernas cruzadas. Sostenía su móvil en la mano y asentía con una mueca de aceptación en los labios, mientras observaba la pantalla. Chantal estaba paralizada ante su imponente figura, el aura que emanaba se sentía tan sombría y disgustada que los pelos de la rizada se le pusieron de punta.
-Es de mala educación entrar a un lugar sin que lo inviten -sacó el valor para hablar. Él posó sus azules ojos en ella tranquilamente-.