Capítulo 98. Verdades amargas.
Amelia se quedó paralizada en la puerta, observando la escena frente a ella. La habitación era un caos, con objetos esparcidos por el suelo y la cama revuelta. Pero lo que más la impactó fue la mirada de Sergio, una mezcla de sorpresa, dolor y algo más que no pudo descifrar.
Por un momento, ninguno de los dos habló. El silencio era pesado, cargado de emociones no dichas y tensión palpable.
Finalmente, Amelia dio un paso adelante, cerrando la puerta suavemente detrás de ella.
—Sergio... —comenzó