Capítulo 82. Revelaciones y Consecuencias
Las palabras de Alejandro cayeron como un rayo en la habitación. Amelia sintió que el aire abandonaba sus pulmones mientras procesaba la noticia.
—Alexandre es mi hijo —, repitió Alejandro, su voz apenas un susurro.
Sus ojos estaban fijos en un punto distante, como si estuviera tratando de comprender la magnitud de lo que acababa de descubrir.
Amelia se acercó a él, tomando su mano entre las suyas.
—¿Estás seguro? —preguntó suavemente, aunque sabía que la respuesta era obvia.
Alejandro asintió