Durante ese tiempo, consciente o inconscientemente, habían acumulado bastantes enemigos. Aunque hasta ahora habían podido manejar la situación, Benedicto sentía un instinto de temor hacia los desconocidos más fuertes.
Fane dio un sorbo al té y le dijo con calma: —Guarda tus preocupaciones para ti mismo. En este mundo de las Maravillas, mientras seamos prudentes, no nos encontraremos en peligro. Pero si alguien nos provoca, ¿cómo podríamos no defendernos?
Al escuchar esas palabras, Benedicto susp