VIRGEN

MIKEL.

— Hagamos una apuesta. — Hablo alejándome un poco de ella.

El simple hecho de tenerla cerca, provocaba que mi pene se endureciera dentro de mis pantalones, y es que al verla con ese uniforme, y con esa falda corta… lo único que único que quería hacer era empotrarla y follármela hasta que me rouegue que pare.

— No puedo hacer una apuesta contigo. — Dice Mia, ella se acomoda un mechón de cabello que caía a un lado de su rostro.

— Dame una buena razón.

— Tu… eres como el diablo. — Mia co
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