-Adoro tu risa -dijo Ryan besando sus labios en mas de una ocasion sin dejar margen a que ella prostestara.
Amelia le devolvió los besos con entusiasmo, dejandose llebar por los sentimientos que Ryan estaba despertando en ella.
Adoraba su cuello, adoraba su risa. ¿No sería quizá que la adoraba a ella? De pronto él levantó la cabeza con sobresalto como si recordara algo de pronto.
-Oh, demonios, los Adamos -se apoyó en un codo y miró el reloj-. Hace cinco minutos que teníamos que estar abajo.