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La imagen que encontró Gavel al tirar la puerta de la oficina de Cassandra fue la peor que se pudo imaginar. No solo por las densas feromonas que danzaban de forma posesiva en el ambiente, sino también por la forma en que aquel desgraciado alfa estaba sosteniendo a su pareja y lo que le estaba haciendo.

Pero no fue eso lo que le hizo perder el control.

Al sentir su presencia del recién llegado, el alfa soltó el cuello de una ahora inerte mujer recostado en la mesa, dejando a la vista el cuello
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