Me levanté enseguida del sofá, quedando mi rostro a milímetros del rostro de David, intentando que mis lágrimas no salieran, ya que no quería que me viera llorar
— ¿Quien coño te has creído que eres? —- le dije gritando, por que ya no me importaba que mi hija y mi amiga se despertaran por mis gritos, por la desesperación que yo tenía
—- Soy el padre de Cintia, me escuchastes — me dijo mirándonos los dos fijamente alos ojos
Me fui hacia atrás, apartandome unos centímetros de David, con estupefac