—No me convences...
—¡Por favor! —susurró con la voz entrecortada y Alan la levantó, pegándola a su pecho para poner aquella mano sobre su boca en el mismo momento en que su miembro se abría camino dentro de ella con fuerza.
Escuchó aquel grito sordo contra su mano y la besó, la besó con desespera