Alan tomó su mano y la besó con suavidad.
—No pasa nada, nena, es la adrenalina que todavía no se me va y ando como acelerado —le aseguró y Mar se levantó para abrazarlo.
—Lo sé, lo siento...
—Oye, tú no tienes nada que sentir, tú solo tienes que permitir que yo... que yo te consienta hoy, así qu