—¡No me toques! —exclamó Jana tratando de alejarse de él, pero Kris estaba demasiado asustado como para quedarse quieto.
Agarró el cañón de aquella arma con el mismo poco miedo de siempre y lo dirigió a su pecho mientras la miraba a los ojos.
—Ya sabes dónde disparar, hazlo ahora o siéntate tranqu