—Pues esa es la cosa: que no se han quejado.
—¿No?
—Para nada. No han dicho ni una sola palabra… creo que es porque el nuevo dueño no se ha dado cuenta o… no lo sé.
Jana suspiró y se levantó de su silla, acariciando su pancita pequeña de cinco meses.
—Bueno, parece que le debemos una disculpa y