—¿Ya se durmió otra vez? —preguntó él en un susurro.
—Sí creo que sí...
Se quedaron mirándose un minuto, eterno... infinito... hasta que Mar se dio cuenta de que el agua se estaba poniendo roja a su alrededor.
—¡Ay por dios, no...!
—¡Maldición, te vas a ensuciar...! —rezongó Alan poniéndose de p