—De hecho, querido mejor amigo, eso sería fantástico, Mar necesita espacio y yo también. Pasa por mí a las nueve —respondió Alan remedándolo y se echó a reír.
Esa noche se aseguró de inventar un buen cuento que dejara a Mitch rendido a las ocho y luego fue a arreglarse. Mar estaba haciendo un choco