—Sabes que no puedo quedarme de brazos cruzados, ¡es mi hijo! —exclamó Alan con desesperación—. ¡No entiendo cómo se le ocurrió ir a Bulgaria a meterse en la boca del lobo!
El primer instinto de grey fue llevar una mano a su vientre y sostenerlo con fuerza, y agradeció que su hermana estuviera dema