—No puedo perderte, muñequita, no puedo —dijo en voz baja—. Te necesito aquí conmigo, por favor despierta pron...
Sus palabras se cortaron en el mismo momento en que sintió la leve presión en su mano y de inmediato se envaró.
—¿Gracie...?
Su corazón se le quiso salir del pecho cuando ella gimió l