—¿Y luego?
—¡Luego a comer un postre! Y entretengo a Jana para que no se duerma muy temprano —recordó Mitch.
—¡Excelente! —se entusiasmó Alan.
—¿Y qué quiero a cambio? —lo increpó Mitch.
—¡Qué bueno eres negociando, hijo! —rio Alan—. OK, te llevo al próximo mundial de fútbol.
—¡Gracias papi! —r