Mar miró a Alan como si le hubiera salido otra cabeza. O sea, lo de su ex lo había entendido, pero ¿otra más?
—¿Y tú cuántas hijas fuiste dejando regadas por ahí? —lo increpó haciendo que a él se le cortara el aliento.
—¡A ninguna! ¿¡Cómo preguntas eso!? ¡Siempre me he cuidado muchísimo, claro que